Durante la infancia, todos nosotros tenemos algún momento eureka en el que algo nos hace soñar espontáneamente sobre nuestro futuro, sobre lo que sentimos que va a ser nuestra vida. Yo recuerdo algunos de ellos.
El teatro, los aplausos y el verdadero significado del éxito
El primero fue acompañando a mi viejo al teatro, viendo a Porcel, a Olmedo, a Moria Casan y a todos los famosos arriba del escenario. El público los aplaudía y después yo tenía la suerte de poder estar con ellos en el camarín y darme cuenta que esos aplausos los alimentaban. No desde el ego, sino desde la felicidad de haber hecho felices a otros.
Por otro lado, cuando tenía 6 años y vivía en un departamentito en Mar del Plata con mis viejos y mis hermanos, Argentina salió campeón. Salimos a la calle a festejar con banderitas de plástico y ver esa felicidad profunda, me llenaba el alma.
De alguna manera siento que las dos cosas tienen que ver con éxito. No con el éxito material, todo lo contrario, el éxito del alma, desde lo más profundo del ser. Y eso creo que es lo que más me marcó.
El descubrimiento de una vocación ¡Eureka!
Cuando se muere Olmedo, nos venimos a vivir a Buenos Aires. Mi viejo se pone a sacar fotos en congresos, en convenciones, en dos empresas, una llamada Relevance y otra Surprise. Eran empresas de venta directa. Yo me volvía loco que lo quería acompañar.
Cuando tenía 12 años me dijo, «¿Te animas a acompañarme a Entrar Ríos al hotel Mayorazgo?» Yo no podía creerlo. De golpe estaba en el hotel Mayorazgo, un hotel hermoso con vista al lago, casino, pileta espectacular, autos increíbles. Era un evento de más de 2,000 personas y yo con mis 12 estaba con traje corbata, muy prolijo, con el pelo engominado.
Me acuerdo mi viejo con un saco azul y la piel dorada como le gustaba a él. Y en ese momento empecé a conectar, creo yo, con lo que quería en la vida. Eso que te llena el corazón, que te da felicidad profunda, con mucha gente orientada a un mismo objetivo, a un mismo resultado, sin mezquindad, sin egoísmo, compartiendo conocimiento. Ya con 12 años, yo estaba viviendo y disfrutando esa forma de vivir.
La influencia de mi familia en mi forma de ser
Es verdad que hablo mucho de mi viejo porque me parezco mucho a él. pasión, energía, descontrol, ir a fondo. Pero creo que solo con eso no alcanza. Solo con tener ganas, fuerzas, pasión, energía no alcanza.
El equilibrio de los distintos valores
Mi vieja es orden, es disciplina, es control, es puntualidad. Mi hermana es amor profundo, felicidad, paz, calma. Y mi hermano tiene algo muy particular que es perseverancia, es responsabilidad de cumplimiento.
Sin todos estos otros componentes en la estructura del alma de uno, no se logran resultados. O lográs resultados, pero chocas contra una pared. Y creo que agradezco a la vida por todas las personas que me rodearon y sobre todo por mi familia, porque yo soy quien soy hoy, en gran parte por todos ellos.
¿Quién soy hoy?
El que me conoce sabe como soy, un poco loco y bastante apasionado. En todos los ámbitos de la vida. En mi trabajo, con mi familia, con mis hijos, con mi vieja, con mis hermanos, con mis amigos. Soy el principal observador de mi realidad, con una evolución de 45 años y tratando de ser siempre la mejor versión de mí.
Soy una persona genuina que comete mil errores. Yo también arranco el gimnasio y lo abandono o empiezo dietas y las largo. También perdí un montón de ventas.
Una lección clave sobre ventas y aprendizaje ¡Eureka!
Hace unos años estaba con mi cliente más importante y la persona que tomaba la decisión de compra de un upselling, de un servicio más, estaba encaprichada y tenía claro lo que quería. Yo no paraba de ofrecerle lo que yo quería venderle. Incluso al día de hoy sigo convencido que era lo mejor para ella. Pero no me compró.
Después de reflexionar mucho, me di cuenta que muchas veces tenés que vender lo que el cliente quiere para después poder venderle lo que necesita.
La diferencia es que hasta hace algunos años me castigaba cuando no lograba superarme y ahora lo veo como una oportunidad. ¡Mi Momento Eureka!
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El descubrimiento de una vocación ¡Eureka!